
¿POR QUÉ HAY QUE SEGUIR A LOS CANGREJOS?
Sus ojos empezaban a cerrarse, todo parecía nublarse; se frotó sus párpados con las manos hasta que por fin las ganas de dormir le ganarían la batalla. Minutos antes pensó que no conciliaría el sueño porque en el parque frente a su casa, las voces de los cantores, acompañadas por los timbales y por el constante palmoteo sobre el tambor, conjugado con flautas, clarinetes, bombos y guasas, arrullaban sus sentidos.
Sin pensarlo empezó a soñar que los colores del arco iris se combinaban, y de ese fugaz momento aparecía un paisaje muy conocido. Era la bahía en la que vivía: se veía caminando a la hora en la que las aves clavan en el mar y no precisamente para atrapar peces (sino para librarse del calor que las atormenta).Vio que una manada de cangrejos emergía de las piedras, huecos en la arena y restos de las ramas de los árboles que a veces deja la marea en la playa, todos rumbo al mar como si algo estuviera ocurriendo dentro de él.
Inesperadamente, uno de los cangrejos dejó la manada, se acerco a Luz Mila y extendió sus ojos hacia ella.
- ¿Acaso no escuchas el llanto de esa ballena? - preguntó el cangrejo.
La niña sorprendida de que un cangrejo le hablara, movió su cabeza hacia los lados, expresando que no la escuchaba. Al salir de su estado de asombro, le preguntó:
- ¿Por qué lloraría una ballena?- alzando sus cejas.
El cangrejo miró cómo se marchaba la manada y volvió su mirada hacia la niña:
- “Al parecer esa pobre ballena se ha enredado con una malla que abandonaron los pescadores. Su llanto se debe a que lleva horas luchando con ese objeto. Un compadre nuestro se acercó al lugar de donde venía el sonido, la vio y nos comento de qué se trataba, porque a pesar de escuchar el llanto, no sabíamos a qué se debía o de donde provenía y aunque no podemos librarla de su agonía, por lo menos acudimos a acompañarla en su momento de dolor y darle palabras de apoyo”.
Luz Mila había crecido escuchando por parte de sus padres, abuelos y vecinos, historias sobre unas ballenas con graciosas jorobas que tras su ruta migratoria pasaban por la bahía cautivando con su hermosura a todo el que las viera. Una de esas historias contaban que las ballenas escogían a un alma pura e inocente para dar un viaje por los mares y a su regreso esta persona tenía unos días llenos de suerte y éxito; o la que afirmaba que las ballenas a veces arrimaban a las playas y se convertían en humanos entre otras historias llenas de fantasía e imaginación. Era tal la sensación de los que las veían, que por las noches en su tierra al ver a las ballenas realizaban fiestas a son de currulaos y chirimías, pero desafortunadamente Luz Mila nunca había visto una.
Para la niña esta era la oportunidad perfecta de tener un inolvidable encuentro con una ballena, tocarla, acariciarla y de paso ayudarla.
- ¡Yo la ayudaré! - exclamó Luz Mila.
- Entonces no perdamos tiempo, vamos rápido antes de que sea demasiado tarde – dijo el cangrejo.
La niña se apresuró a sumergirse en el mar y a nadar, guiándose por la manada de cangrejos que se dirijían hacia donde la ballena luchaba contra la muerte.
Nadó muchos metros hasta poder divisar a la ballena, se acercó, extendió su brazo mostrándole la palma de su mano, como señal de que por favor se calmara, para ella poder ayudarla. La ballena dejó de hacer los bruscos movimientos que emprendía contra la malla para sobrevivir.
Entonces la niña le quitó el objeto de sufrimiento. Al hacerlo se colocó frente a ella y apreció la hermosura de este animal, sus grandes aletas blancas y una prominente joroba. Como había escuchado hablar a las personas de la bahía, y no vaciló en darle un fuerte abrazo.
- Gracias, sin tu ayuda hubiera podido morir - le dijo la ballena.
En el rostro de la niña se dibujó una leve sonrisa que contrastaba con su piel morena. Cuando abrió los ojos, había despertado. Luz Mila no borro su sonrisa y de inmediato se coloco sus sandalias, su abuela Clemencia la miro y le dijo:
- Muchachita encantadora, ¿para donde vas con tanta prisa?. ¿No piensas desayunar?.
- Voy a la playa abuela, no vaya ser que llegue demasiado tarde, luego desayuno - le respondió la niña.
La abuela quedó un poco atónita con la actitud de la niña pero continuó preparando el desayuno.
Luz Mila llego a la playa, de pronto vió unos cangrejos a los cuales salió a perseguir. Pero al percatarse de la presencia de la niña, se escondieron entre las piedras.
Desde ese día, la gente de la bahía han visto a Luz Mila levantarse temprano todas las mañanas esperando ver a los cangrejos que la lleven hacia la ballena y que su sueño pueda hacerse realidad.